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Rutas y paseos

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Barrio de La Ermita de San Antonio

   
   
   

La Ermita de San Antonio Abad es un barrio que engloba varias partidas de la ciudad de Villajoyosa, y debe su nombre al templo que antiguamente fuera ermita y hoy parroquia, de San Antonio Abad, por lo estrechamente unidas que están la historia del barrio y de la iglesia. 

Quizás sean pocos, tanto lugareños como visitantes, los que sepan la antigüedad de esta parte de la historia de Villajoyosa. «Los orígenes del lugar son tan antiguos que podemos afirmar con toda certeza que los primeros asentamientos de población en la zona de La Ermita se remontan al Bronce Antiguo, prueba de ello son los yacimientos arqueológicos hallados en la partida de Chauchelles, donde hubo una pequeña población ibérica, hasta la época iberorromana (siglos II-I a. C.). Entre el siglo IV y III a. C. florecen las fincas rústicas. Es interesante resaltar que entre las reliquias halladas en la partida de Chauchelles se encuentran los restos de una villa romana perteneciente a un gobernador romano que residía en Denia, y que utilizaba como lugar de veraneo»(Cf. BELDA DOMÍNGUEZ, J., Ingresos procedentes de Torre La Cruz (Villajoyosa, Alicante). Separata de: Memorias de los museos arqueológicos provinciales. 1948.).

Vienen a apoyar esta hipótesis el gran número de yacimientos esparcidos por todo el territorio. Destacamos también «los objetos hallados en la colina de Torre la Cruz, pertenecientes a un edificio destruido, que, por algunas de sus reliquias, pudiera haber sido unas termas. Entre los muchos restos hallados encontramos: 14 yesos tallados, uno representa a un león en lucha triunfante con un toro, la cabeza del león se repite en otro trozo pequeño. Otro muestra dos figuras femeninas, de las cuales una lleva una antorcha ardiente y la otra un báculo. En un tercero, se ve un oso y un jabalí en pugna al pie de un árbol. Otros yesos ofrecen palmas y flores alternando con coronas y esvásticas.

Hay también un trozo de enlucido de pared y 36 baldosines de mármol y ofita que pudieron formar parte de un pavimento inferior; mientras otro superior que corresponde a la habitación, cuyas paredes se adornan con los estucos antes dichos, era de teselas al estilo del mosaico alejandrino.

Un resto de tabla de mármol que tiene incisa la figura de un perro galo; un tiesto de barro rojo sin brillo del fondo de una vasija con la marca EX. OFF, DONNANI y un trozo de ladrillo con inscripción que parece funeraria y que dice así: L. LUCRETIO SERVI LIIGALI I. SEMPRONIANI C.V.F. PLICIO y que puede traducirse: “A Lucio Lucrecio Plicio de su servidor legal Julio Semproniano, administrador fiel”» (LA FUENTE VIDAL, JOSÉ; Museo Arqueológico Provincial de Alicante. Catálogo – Guía. Instituto de Estudios Alicantinos. Diputación Provincial de Alicante 1959, pp. 68 – 69.). En el yacimiento, realizado por el famoso sacerdote y arqueólogo Don José Belda Domínguez, son muchos más los restos que se encontraron de no menor importancia que los citados, que aquí no indico por no ser demasiado prolijo en este punto.

El fácil acceso por mar a la población de La Vila Joiosa, y su enclave excepcional, la convertían durante el s. VIII en objeto de las invasiones de piratas, al igual que todas las costas del Levante. Siendo conquistada a los musulmanes por el rey Don Jaime I de Aragón, en la primera mitad del siglo XIII (año 1251), hasta quedar despoblada en 1257 por la revuelta del moro Al Azraq, para ser definitivamente cristianizada en el año de 1300, cuando el capitán general de la Corona de Aragón, Bernat de Sarrià, la conquistará a las órdenes del rey Jaime II, recibiendo la Villa carta puebla el 8 de mayo de ese mismo año.

Don Juan Mateo Box, nos ofrece una descripción del castillo de La Vila, y nos cuenta la suerte que corrió éste. La historia del castillo nos sirve para contextualizar los acontecimientos en los que se vio la ciudad durante varios siglos. Y es en este contexto de población invadida donde se comprende que ésta se decidiera a construir «un baluarte o defensa contra propios y extraños. Hoy, cuando el paso inexorable del tiempo ha borrado no sólo las huellas de la barbarie sino las de los hechos gloriosos, es muy difícil localizar aquel castillo que se eleva desafiante delante del mar. Las guerras abatieron su fábrica y el abandono y la indiferencia han destruido hasta sus cimientos.

¿Hubo, pues, castillo en Villajoyosa? Sí y por cierto hermoso y espléndido. La Villa estaba rodeada de fuertes y altas murallas y éstas, a su vez, estaban defendidas por magníficos torreones. Desde el promontorio que se ve cercano al mar y en la misma desembocadura del río Sella, el recinto fortificado disponía sus cañones cruzando los fuegos, particularidad que hacía del fuerte un lugar, llamémosle para aquellos años, inexpugnable. Las obras de fortificación formaban un paralelogramo imperfecto y en cada uno de sus ángulos existían torreones sólidos los cuales hoy sólo ruinas enseñan. Uno estaba en lo que se llamaba Trinquete o calle del Mar; otro en la plaza del Olmo (que sirve de base a la [actual casa abadía de hoy); otro que todavía puede verse deteriorado y maltrecho empotrado en las casas que dan frente al río y un cuarto, al Oeste, que no era tal torreón sino el llamado Castillo. Para entrar al recinto había dos puertas. Transcurre el siglo XIV y allá por el 1468 el rey D. Juan une a su corona la Vill, su castillo y defensas. En 1536 (el 29 de junio) Villajoyosa vio llegar ante los muros de su castillo a una armada compuesta de cuatro galeras turcas y treinta galeotas y fragatas mandadas todas por el célebre corsario argelino Zala Arraez. La Villa se defendió heroicamente y acudió a su defensa y a la de su castillo, el Duque de Calabria, D. Luis Carroz y el Maestre Mosén Escrivá, quienes con los defensores del baluarte escribieron una página magnífica en la historia de la ciudad. Y no fue este hecho sólo. Durante todo el siglo XVI los defensores de Villajoyosa estuvieron en constante salida al mar teniendo en jaque a los moriscos y piratas que merodeaban los parajes próximos logrando apoderarse muchas veces de sus bajeles que traían en frente del castillo en señal de trofeo ganado a tan malvados señores. (También ayudaron al poder real contra los restos muslimes que en la Sierra de Bernia se habían refugiado).

Durante las Germanías, Villajoyosa, se declaró contra los nobles y el Virrey. Su castillo recoge entonces momentos de gravedad notoria.

En 1709 el Caballero D´Asfeld, mientras sitia Alicante, ordena derribar las murallas de Villajoyosa y puede decirse que de entonces data la ruina del castillo y fortificaciones quedando la desembocadura del Sella despojada de todo vestigio histórico» (Cf. MATEO BOX, J., Historia de los castillos de la Provincia de Alicante, Impreso en Such, Sierra y Compañía. Alfonso el Sabio, 29, Alicante 1953, págs. 55-57. El autor de este libro toma datos, sin citar su procedencia, del Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico. Villajoyosa, Madrid 1849 de Pascual Madoz.).

Un monumento que pasa desapercibido, y que podría ser un homenaje a la cristianización de la zona, es la llamada Cruz de Piedra situada en un antiguo cruce de caminos romanos (Al Norte de la misma, Torre de Dalt, o Era Soler; al Este, La Ermita de San Antonio Abad; al Sur, camino de La Foradà, hacia el casco urbano de la ciudad; y al Oeste, hacia el “Pont de Sant Argil” (deformación lingüística del nombre original “Puente de Don Gil”). Hoy día el monumento de la Cruz de Piedra no se encuentra en su emplazamiento original por la construcción de la variante de la carretera nacional.)

No podemos saber con exactitud el origen histórico del núcleo de población que hoy conocemos como La Ermita, pero con la documentación disponible, la historia y el sentido común, podemos proponer una doble hipótesis, cuyas conclusiones se mueven en el marco de una certeza bastante sólida. 

Ya hemos visto que toda la costa levantina sufre los ataques de los moros. Villajoyosa no se libra de esto. Es lógico pensar que hubiera personas de la población que se marcharan hacia el interior −extramuros−, en busca de mayor tranquilidad y seguridad, dedicándose luego a la agricultura y la ganadería. Esto explicaría que un grupo de población se concentrara en la huerta interior, en un lugar elevado (el Tossal de Sant Antoni), independientemente de que hubiera ya alguien viviendo allí, puesto que ya había población en los lugares cercanos, tal y como hemos indicado más arriba.

Además, teniendo en cuenta la antigüedad de la devoción a San Antonio Abad en el lugar, una explicación hipotética a la elección de dicho santo como protector especial, podría arrojar luz sobre la causa de la concentración de población en la zona de La Ermita. No es baladí tener en cuenta el hecho de que San Antonio Abad fuera tradicionalmente protector contra las epidemias. Y es sensato pensar que aquellos que huyeran extramuros de los ataques de piratas, también lo hicieran para escapar de las enfermedades contagiosas propias de la época, de mayor propagación cuando se vive en una ciudad amurallada como lo era La Vila Joiosa, y eligieran a San Antonio Abad como protector de las epidemias, de la cosecha y de las bestias utilizadas para el trabajo agrícola.

Aunque a día de hoy no hay ninguna prueba de ello, se podría barajar la posibilidad de que existiera un templo pagano donde hoy se levanta la Parroquia de San Antonio Abad, y se hubiera seguido la práctica habitual de aprovechar los materiales existentes del edificio para construir la primera ermita. Aunque por carecer de investigaciones en este punto, sólo nos podemos mover en el terreno de la hipótesis, lo que sí podemos afirmar con certeza es que los orígenes históricos del barrio de la Ermita tienen un doble fundamento, el religioso y la búsqueda seguridad por parte de sus primeros pobladores.
 

Apunta Vidal Tur que durante el siglo XV algunos pueblos, como La Vila Joiosa, se beneficiaron especialmente de la predicación de san Vicente Ferrer. Quién sabe si este gran santo valenciano pasó por La Ermita a predicar a las gentes del lugar con motivo del Cisma de Occidente, cuando Benedicto XIII, el famoso Papa Luna, se aferraba al solio pontificio en su castillo de Peñíscola (Cf. VIDAL TUR, G., Un obispado español de Orihuela-Alicante. Histórica exposición a todas las cristiandades. Tomo II, Alicante 1962, pág. 62.).Barrio cercano al casco urbano de Villajoyosa, es un núcleo rural de carácter tradiconalmente agrícola, que forma un interesante conjunto de edificos de los siglos XVIII, XIX y comienzos del s.XX


 

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