|
El cacao nació en América Central con las civilizaciones azteca y maya. La primera referencia que tenemos del chocolate data de 1502, cuando Cristóbal Colón es obsequiado en Guajana (Honduras) con unas bayas de cacao, que por entonces, se empleaban como moneda de cambio.
El chocolate llegó a Espa a procedente de México, de la mano de Hernán Cortés, hacia 1528. El emperador Moctezuma II ofreció en vaso de oro a Hernán Cortés la bebida más apreciada de los aztecas, el chocolate, realizada con cacao (cacaotal, que significa ’alimento de los dioses’), además de maíz molido, pimienta y otras especias.
Durante los siglos XVII y XVIII el chocolate se consumía ünicamente líquido, y se hizo enormemente popular, sobre todo en reuniones y capas altas de la sociedad. Así mismo, se crearon dos tradiciones: por un lado, la española: tomaban el chocolate caliente y espeso; por el otro lado, la francesa: más frío y líquido.
Los orígenes de la industria chocolatera en la Vila Joiosa, según estudios recientes, proceden de comienzos del siglo XIX, de manos de un italiano que fue quien trajo la primera piedra de moler hacia 1810. Dado que se trata de un producto para la exportación, el origen de la industria chocolatera en La Vila tiene mucha relación con el puerto marítimo. El mercado tradicional, ambulante, se extendía, sobre todo, por la Comunidad Valenciana, Murcia, Barcelona, la Meseta sur y Andalucía Oriental. La venta se hacía en carro, por los varones, puerta a puerta, en sacas, conocidas familiarmente con el nombre de botanes.
La tradición vilera es un fiel reflejo de la evolución que, desde sus orígenes, ha sufrido este preciado y codiciado producto alimenticio, el chocolate.
|